En el barrio de San Telmo (pasaje San Lorenzo 380) se encuentra una propiedad que es conocida como “La Casa Mínima” ya que el lote no supera los 2,5m de ancho y es la casa más angosta de Buenos Aires; data de principios del siglo XIX y es una de las dos construcciones de ese período que quedan en el barrio.

Tiene una fachada exterior lisa, con una pequeña entrada y una puerta pintada de verde atravesada por una cerradura de hierro. En la planta superior asoma un balconcito con barrotes verticales de hierro, desde donde se esconde una ventana de dos hojas simétricas y dos cortinas iguales pliegue a pliegue. Por sobre la cornisa aparecen algunas plantas que dejan ver a los cimientos a través de los viejos y descascarados materiales.

En el barrio de San Telmo es frecuente escuchar leyendas e historias sobre las casas y calles, siendo la casa mínima parte de una de ellas: En el Buenos Aires de la primera mitad del siglo XIX la cantidad de esclavos negros era realmente importante (sobre 800.000 habitantes en 1850, 110.000 eran mulatos y 20.000 negros); al declarar la libertad de vientres y abolir la esclavitud, todos estos esclavos debieron buscar un lugar donde vivir, por lo que resultaba frecuente que sus antiguos amos les proporcionaran pequeños terrenos para que levantaran sus casas. La leyenda del barrio dice que un esclavo de Urquiza, al ser liberado recibió esta pequeña casa en 1813.

Diego M. Zigotto lo plantea de la siguiente manera: “La historia, recogida por más de una guía turística y páginas de internet dice que fue construida en 1813, cuando la Asamblea Constituyente dictó la libertad de vientres. Sin embargo, la esclavitud no se abolió hasta 1853, y por lo tanto la casa no puede haber pertenecido a ningún «esclavo liberto» de 1813.

El arquitecto José María Peña, director del Museo de la Ciudad, condujo una investigación en la que encontró en un catastro de 1860 (donde se señalan las dimensiones de los lotes) que el terreno perteneciente a la casa mínima era una propiedad que tenía 16 metros de frente con 17 de fondo. Es por esto que Peña tiende a pensar que en sucesivas divisiones del terreno quedó un lote de menos de 2 metros y medio de ancho, en el que hoy sobrevive la casa mínima.

En los años 60′ (del siglo XX) la propiedad fue comprada por un anticuario, quien aparentemente fue el propagador de la leyenda del esclavo liberto. Sea como fuere, la casa mínima es un buen disparador para recordar la historia esclavista de Buenos Aires, que está un poco relegada en la memoria de sus ciudadanos.

Fuentes:

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