Hace menos de 72 horas que llegué, después de 65 días de ausencia, a mi ciudad natal: Buenos Aires. ¿Cuánto pueden cambiar las cosas en tan poco tiempo? El problema es que cuando uno está lejos olvida las cosas negativas del ambiente en el que vive, empieza a extrañar un poco ciertas cotidianeidades; uno vive comparando y piensa “esto en Buenos Aires es mucho mejor;” hasta que la realidad lo golpea.


Yo llegué y me di cuenta que Buenos Aires no tiene nada de bueno. A las pocas horas de mi arribo, viajé en subte, línea D y C, la primera impresión fue: “¿quién habrá diseñado estas cosas?” escaleras angostas en las que la gente no puede caminar, la imposibilidad de un discapacitado de llegar hasta el subte. Luego me indignó la lentitud del tren, pero recordé las palabras de antes de irme “No hay crisis energética” seguidas por “los subtes andarán más lento para ahorrar energía.” Así que me tranquilicé, el gobierno está detrás de todo esto.

¿Alguien habrá meditado sobre los trenes? Las puertas son tan chicas que no alcanzan para el intercambio de pasajeros, a veces suena la sirena de que el subte está por partir antes de que la gente haya finalizado de descender o subir. Dentro del vagón, el pasillo es tan angosto que 1 persona parada es todo lo que entra; 2 ya se golpearían las espaldas y ni que hablar si alguien quiere pasar caminando.

El “nudo” de Diagonal Norte/9 de Julio, mejor no lo comento porque cualquier persona que lo utilice sabe a lo que me refiero.

Luego los colectivos: viajé en un 59 al que le entraba el olor nauseabundo de la combustión; ya había olvidado lo que era viajar con ese agradable aroma. Semáforos en rojo, paradas que se saltean, bocinazos y Guardia Urbana que hace multa sólo a los autos que quizás en el semáforo invadieron la senda peatonal. Los muchachos, empleados del gobierno de la ciudad, que visten esas lindas camperas color aguamarina, ¿habrán leído alguna vez la ley de tránsito? Esa va a ser parte de mi próxima investigación urbana.

Y esto fue sólo respecto de los medios de transporte; imaginen cuánto más se podría decir.

Ese es el problema cuando se visita un lugar en el que hay, o por lo menos hubo en algún momento, una persona que pensó un poco. En Buenos Aires en cambio es mejor un espectáculo de fuegos artificiales, miles de recitales gratuitos, publicidades que dicen “Yo amo a Buenos Aires” y el 90% de las plazas cercadas. No se si vendrá todo una serie de artículos desahogo, pero después de 2 días en esta ciudad era necesario por lo menos escribir 1.

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