El sábado pasado se realizó una vez más una Yoga Rave en El Teatro de Colegiales. Me había enterado de la fiesta por la gente de El Arte de Vivir y además porque una amiga había ido el año pasado. Cuando me contaron de qué se trataba me di cuenta de que no me la podía perder.

Tal como el título lo dice, se trata de una fiesta muy diferente de las que estamos acostumbrados. Primero porque empieza temprano, a las 8 de la noche (y vale la pena llegar puntual) y termina a la media noche. Después porque no se vende alcohol, la comida es orgánica, no hay nada (¡pero nada!) de humo y obviamente drogas tampoco. No hay límite de edad, así que uno puede cruzarse desde niños hasta ancianos. Pero eso no es lo más diferente de todo.

La fiesta comienza con una pequeña entrada en calor a cargo de un instructor de yoga; nos hacen estirar un poco y elegir a un compañero (en mi caso, que había decidido ir solo me vino perfecto para romper el hielo con el lugar). Luego de calentar y empezar a relajar, nos conducen a una meditación guiada. No es el mejor lugar para hacerla, obviamente, pero permite despejar un poco la mente. Y cuando termina comienza la música.

Como la otra parte del título dice, la música será electrónica, propia de una Rave, pero la base son mantras, es decir frases, generalmente en sánscrito, no muy complicadas y que se repiten una y otra vez (dejo un ejemplo un poco más abajo). La musicalización está a cargo de So What Project (sisi, es en vivo) y la verdad es que transmiten una energía al público difícil de describir.

A mitad de la fiesta se corta la música, se vuelve a hacer un poco de yoga, para relajar y elongar (y para que los músicos tengan su pausa, obviamente). Pero todo retoma, con más fuerza que antes. La gente salta y salta, se baila, nadie se preocupa demasiado. Es fácil aprenderse las letras, así que se empieza a cantar. Y todo termina, nuevamente con una meditación; y no son más de las 12 de la noche.

Yo no soy un fanático de la música electrónica (ni de los mantras) pero decidí darle una oportunidad a esta fiesta. Afortunadamente me llevé una muy grata sorpresa ya que la pasé mucho mejor de lo que esperaba. Fui solo, sabiendo que era probable que me encontrara con algún conocido, pero sin planificarlo; hacía mucho tiempo que no hacía algo semejante. Y la sorpresa fue por la gente. La buena onda que había, gente dispuesta a interactuar, gente que había ido sola porque no consiguió con quien ir, etc.

Yo salí con una gran sonrisa en mi cara y una sensación de gratitud infinita. Había pensado seguir mi noche en algún otro lugar, pero no valía la pena; estaba agotado (las piernas aún hoy, dos días después, me siguen doliendo) y era mejor irme a descansar con esa sensación de plenitud.

Estas fiestas se organizan periódicamente (de acuerdo con la gira de So What!); en estos días van a estar tocando en Mar del Plata, Rosario, Córdoba, Uruguay, Paraguay, etc. Si alguien tiene la oportunidad de ir, se lo recomiendo, no es caro (en Buenos Aires las entradas anticipadas costaban $35, igual para menores de 24 años que compraban en la puerta, si no costaban $50). Es realmente una fiesta diferente y lo que más importa es ir dispuesto a divertirse y pasar un gran momento, con o sin compañía.

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