Si alguien nos menciona los nombres Boyle, Newton y Hooke y nos pide que los ordenemos de más a menos importante, seguramente no dudaremos de Hooke va al final y por mucho. Su famosa ley, que nos dice que la fuerza que hace un resorte es proporcional a su estiramiento la aprendemos ya en el secundario, muchas veces la volvemos a ver en la universidad y luego cae en el olvido.

Sin embargo, la vida de Robert Hooke fue mucho más interesante de lo que habría creído, como nos relatan en este bellísimo artículo de Historias de la Ciencia. Luego de una infancia complicada, sobreviviendo a la viruela, transitando el suicidio de su padre y otras vicisitudes, se traslada a Londres para estudiar. Primeramente lo hará en una escuela de arte, aunque su curiosidad lo empuja a una formación más general.

No les voy a arruinar el artículo, que merece una lectura, pero a modo de resumen, Hooke llegó a ser miembro de la Royal Society. Ayudó a Boyle a que formulara su famosa ley sobre los gases, hasta hay registros de una carta enviada a Newton en la que se sugería la ley de la inversa del cuadrado de la distancia. Hooke fue muy bien considerado por sus pares, trabajó en temas completamente dispares como la meteorología y la geología. Construyó el microscopio más potente de su época (de 30 aumentos) e hizo observaciones de los astros, siendo el primero en descubrir una estrella binaria y la famosa mancha de Júpiter. Además mejoró los relojes para la navegación y se involucró en infinidad de experimentos diferentes (poniendo en riesgo su propia vida también).

La verdad es que, a pesar de su inmensa capacidad, lo único que recordamos de él es la ley del resorte. Y como bien nos cuentan, se debe a que Newton se tomó el trabajo de erradicar del mapa a su predecesor en la Royal Society. Aparentemente, mientras Sir Isaac era el presidente de la academia británica, ésta se cambió de sede. Una de las cosas que tuvieron que trasladar eran los cuadros y, oh casualidad, el único que se perdió fue el de Hooke. Además, según cuenta la leyenda, Newton se irritaba cada vez que alguien mencionaba el nombre de Hooke aunque hubieran pasado más de 20 años desde su muerte.

Recién en el siglo XX se publicó un manuscrito en el que Hooke decía que tanto Boyle como Newton le habian robado sus ideas y nunca le habían dado el crédito correspondiente por ellas. Bueno, quizás hicieron falta más de 300 años para reivindicar la memoria de este excelente científico.

Vía: Historias de la Ciencia.

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