El tao de la Física – Fritjof Capra

Hace unos días terminé de leer El Tao de la Física, un libro que me habían regalado hacía ya unos meses. No era un libro cualquiera, sino que hacía una extraña combinación entre filosofía oriental y la física del siglo veinte. Dado que en su momento no sabía nada ni de Física moderna ni de misticismo oriental, preferí postergar su lectura. Aunque quizás hubiera sido mucho más sabio leerlo sin saber nada, para estar preparado al momento de aprender.

La primera parte del libro se dedica a introducirnos en el mundo de la filosofía oriental. Se presentan mucho conceptos en pocas palabras, se plantea una forma de ver el mundo que es completamente diferente a la que los occidentales poseemos, por lo que resulta difícil de digerir en una lectura veloz. No es del todo fundamental recordar los nombres que aparecen, sino tener una idea general de lo que es el misticismo oriental, de las diferentes corrientes, especialmente las diferencias y similitudes entre China, Japón e India.

Luego el libro prosigue explicando en qué consiste la física moderna. Nos presenta un panorama súper amplio sin recurrir a tecnicismos, haciendo su lectura, si bien no amena para alguien más interesado en filosofía que en ciencia, de simple comprensión. Ya en los primeros capítulos es simple ver cómo el autor comienza a entrelazar los conceptos que había desarrollado al inicio con los del paradigma científico de los físicos que desarrollaron la mecánica cuántica e inclusive la relatividad.

Es muy curioso cuando se citan dos pasajes, uno de un científico como Bohr y otro de un Lama, o algún místico, y son prácticamente idénticos. Así como en su momento me llamó mucho la atención lo arraigados que estaban los conceptos de la mecánica clásica cuando se desarrolló la cuántica, ahora me llama poderosamente la atención que hace unos 2000 años el desarrollo intelectual en la otra parte del mundo hubiera llegado a estar listo para las teorías que recién ahora se comienzan a presentar. Más que nada se trata de hacer entender la comunión existente entre el objeto observado y el observador. La visión más simple de todas, que al observar (léase medir) algo se lo está modificando aunque sea involuntariamente, perfectamente entra dentro de una concepción donde las manifestaciones particulares como “observado” y “observador” son sólo fruto de una mente que no es capaz de identificar la identidad de las cosas. También se trata de las partículas “fundamentales”, y del poco sentido que tiene hablar de éstas, o sobre cómo a partir del vacío se puede generar materia, es decir que el vacío es el todo en potencia.

En el libro también se menciona que varios de los físicos más reconocidos del siglo XX tuvieron una fuerte influencia de la filosofía oriental, por lo que no es una mera coincidencia. Y aquí se llega al punto más importante, que es, quizás, la incapacidad de las personas occidentales de entender completamente la cuántica, o la física contemporánea, simplemente porque las estructuras mentales en las que se trabaja simplemente no son las adecuadas.

Quizás en este libro se responde a la pregunta de por qué hay tan poca divulgación en lo que respecta a la física cuántica, y tanta de Relatividad. Es probable que sea porque la visión del mundo que se plantea muchas veces escapa a la mente no sólo del que escucha, sino del divulgador también.

Finalmente el libro hace una reflexión que me pareció particularmente simpática, preguntándose si no será hora de que los físicos comiencen a meditar.

Más Información: El Tao de la Física

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