Hace unos meses recibí mi primer Raspberry Pi, una pequeña computadora del tamaño de una tarjeta de crédito. La última versión de esta maravilla cuenta con 1GB de RAM y un procesador dual core, además de salida HDMI y cuatro puertos USB. Y lo mejor es el precio, alrededor de 40U$ (o 35€). Las especificaciones a grandes rasgos no son muy diferentes a lo que uno encuentra en una tablet o un teléfono cualquiera, pero la enorme ventaja es la libertad que tenemos de hacer lo que queramos con uno. Diferentes versiones de Linux corren de maravilla y buscando un poco en línea se encuentra un sinfín de ejemplos de lo que otros están desarrollando con un Raspberry Pi.

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Dado que se trata de una computadora con todas las letras, podemos usar un Raspberry Pi como tal, con la ventaja de que es pequeño y consume poca energia. La primera idea que se me vino a la mente cuando recibí uno fue transformarlo en un pequeño servidor web, al que pudiera acceder desde cualquier lado para escuchar mi musica. La solución la encontré con el combo Apache + Ampache. Fue un poco difícil de configurar al principio, pero finalmente logre tener un servidor al que podía acceder con un nombre de usuario y contraseña y tener todo mi catálogo musical. El siguiente paso fue gracias a Dreamhost, que me permitió tener una dirección web que apuntaba a mi Raspberry (sin la necesidad de tener que recordar su IP).

Por supuesto, hacer streaming de música no es al final algo tan importante si se tiene acceso a Spotify. Por eso decidí transformar el Raspberry Pi en un servidor de DLNA. Mucha gente no conoce esta tecnología, pero es una manera de compartir archivos multimedia a través de una red. Así el dispositivo prepara una lista de musica, fotos o videos para compartir y los demás dispositivos en la misma red podrán verlos. No tengo la certeza, pero sospecho que es similar a como funciona el Chromecast. Pude hacer que un disco rígido externo conectado al RPi pudiera contener todas mis peliculas y ahora las difruto ya sea en la tablet o la laptop sin más molestias. No poseo una SmartTv, pero imaginaría que también podría descubrir elementos multimedia compartidos en la red.

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Pero claro, no sólo sirve para consumir archivos, también es muy eficiente para realizar backups. Hacer backups se transformó en uno de los leit motivs de mi vida informática. Por un lado la forma sencilla (y muy eficiente) es hacer backups a través de SSH o rsync. Dado que podemos dejar a la RPi prendida en todo momento, podemos hacer backups a través de la red. También es posible instalar OwnCloud (un servicio al estilo Dropbox, pero open source) y mantener sincronizadas las carpetas que deseemos (y acceder a ellas remotamente también). Finalmente, para los más estrictos con el tema backup, podemos instalar un RPi en la casa de un amigo y hacer backups a un disco que esté físicamente distante. En caso de hacer algo así, no se olviden de encriptar su información.

Finalmente también podemos usar el RPi como un servidor para controlar nuestro hogar. Posee una serie de pines llamados GPIO (General Pourpose Input Output) que permiten conectar una antena que transmite en radio frecuencia y permite recibir información de sensores que tengamos distribuidos por la casa o enviar señales. De esta manera podemos acceder al RPi desde nuestro teléfono y enviarle instrucciones para que apague las luces, nos avise si nos olvidamos una ventana abierta o regule la calefacción. El Raspberry Pi se lleva muy bien con Arduino, por lo que es muy fácil imaginar un sinfín de aplicaciones hogareñas.

También es posible conectar el RPi a un televisor (la resolución es FullHD) y transformarlo en un centro de entretenimiento. Es posible encontrar controles remotos y hasta distribuciones del sistema operativo ideales para que por unos 40U$ tengamos un media center equivalente a lo que obtendríamos por más de 100U$ en cualquier tienda de electrónica de consumo.

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Y ni que hablar de las posibilidades educativas que el RPi presenta. Ya que es de bajo coste y de código abierto, es muy sencillo implementarlo en escuelas, para que los alumnos puedan aprender a programar y a manejar un sistema operativo complejo como Linux. Además, muchos aficionados que quizás no se animaron a instalar Linux en sus propias computadoras (por el riesgo a perder información o quedarse con un aparato que no funciona, por ejemplo) podrán experimentar libremente sin riego alguno. Después de todo el RPi es ni nada más ni nada menos con una computadora muy económica.

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