Hace unos años Brasil tomó la decisión de comenzar a usar Software Libre en sus dependencias. Las ventajas del software libre, con respecto al comercial, son enormes. Por ejemplo se tiene un control total sobre los programas (ya que permiten verificar y modificar su código); así se puede garantizar la transparencia; además, permite independizarse de grandes compañías, logrando así escapar a la presión que puedan generar determinados lobbies. Ni que hablar de la posibilidad de personalizar los programas de la manera que se considere adecuada (ver, por ejemplo el Linux del CERN).

En Argentina, por ejemplo los trámites que se hacen a través de la página de la AFIP necesitan de Internet Explorer (un dolor de cabeza para mí, por ejemplo que sólo tengo Linux en mis computadoras). Ni que hablar de las aplicaciones para pagar impuestos (el SIAP, por ejemplo) que sólo funciona bajo Windows y obviamente no hay ayuda online para el uso de Wine.

Pero bueno, a la larga esos son detalles. Imaginemos las computadoras de las dependencias públicas que usan MS Office. En algún momento sale una versión nueva; se le deja de dar soporte a las viejas, se tiene que adquirir una nueva licencia. Luego, la versión de Windows ya no soporta la del Office, hay que cambiarla; finalmente Windows ya no soporta el Hardware que tenemos y hay que cambiarlo. Este es el quid por el que los fabricantes no desisten con Windows. Fíjense el gasto enorme que implica para un gobierno (o cualquier organismo o empresa) actualizar sus sistemas periódicamente.

Brasil, en este caso, optó por Open Office (o Libre Office), los suites de oficina de código abierto más populares del momento. Y ahora, luego de unos años de uso, llegó el momento de completar el ciclo, es decir, el de retribuir a las fundaciones que mantienen dichos paquetes. Si no me equivoco sería la primera vez que sucede algo similar a nivel gubernamental y me parece importantísimo que sea en un país de América Latina.

Brasil entendió, antes que los demás, la importancia social del software libre y abierto; y lo destacable es que esta importancia trasciende a las fronteras. Lo que Brasil aporte (monetariamente) servirá para mejorar un producto gratuito, que cualquier persona de cualquier lugar del mundo (no necesariamente otro brasileño) podrá descargar y utilizar. No necesariamente lo que aporte el gobierno irá a parar a esos paquetes específicos, pero sin dudas se lo usará en investigación y desarrollo de nuevas tecnologías.

El software libre y abierto es, creo, la piedra angular para la socialización de la informática. Acceso a programas, información, conocimiento, sin filtros (monetarios, partidarios, geográficos). Esto que hace Brasil es un primer paso; espero que ellos lo mantengan en el tiempo y que otros los sigan.

En Argentina, Richard Stallman había dado una charla en la Cámara de Diputados (sí, ¡en 2008!), pero nada parece haber cambiado. Quizás sea momento de empezar a activar un poco…

NOTA: Que usemos software abierto y libre, no quiere decir que tengamos que leer su código para usarlo. No quiere decir que tengamos que tener la necesidad de personalizarlo. Simplemente quiere decir que tenemos la posibilidad. En mi caso, me da la posibilidad de seguir usando una PC con 512MB de Ram y un Pentium 4. Sin preocuparme por antivirus, desfragmentar y todas esas cosas…

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