Discriminación

Un episodio con mi primo de 13 años, despertó una gran curiosidad, y me llevó a reflexionar bastante sobre el tema de la discriminación. Sin entrar demasiado en detalles, a mi primo le prohibieron entrar al Coto de Cabildo quizás porque no era lo suficientemente blanco como para hacerlo. Su desesperación surgió porque dentro del patio de juegos se encontraba un amigo, que lo estaba esperando. A pesar de su pedido de explicaciones, no hubo marcha atrás y se tuvo que volver a su casa.

Por esas casualidades de la vida, mi tía es conocida del gerente del Coto, por lo que lo llamó, para intentar aclarar la situación. El diálogo que tuvieron fue básicamente un pedido de disculpas, y que supiera entender los problemas de seguridad que tenían. Desgraciadamente el diálogo terminó ahí; básicamente mi tía entendió que el “tema seguridad” justificaba lo que le pasó a mi primo, aunque sin dudas, en la misma situación a mi no me habrían parado.

En Buenos Aires son conocidos los hechos de discriminación en la entrada a boliches (recordarán al chico asesinado por patovicas a principio de año) y en varios lugares públicos más. El problema es cómo combatirlo. Crear leyes anti-discriminación como las que tiene Brasil, crean dilemas enormes, ya que queriendo proteger a una “minoría” (por lo menos en el sentido de grupo de personas que continuamente son vapuleados por el resto) es reconocer que necesitan ayuda de la “mayoría”. Peor todavia si se crean cupos especiales en las universidades, ya que es reconocer abiertamente que no poseen la misma capacidad que el resto para competir por los mismos lugares.

El problema además, surge cuando se piensa en qué significan los legisladores; si ellos son una expresión de la sociedad, y ésta es profundamente racista y discriminadora, ¿se puede pedir que creen leyes contrarias? Es difícil pensar hasta qué punto se le puede encargar a un grupo de personas/clase dirigente que modifique la idiosincrasia de un país. Sinceramente no me gustaría pensar que los Argentinos somos profundamente racistas, pero por las actitudes de muchas personas resultaría hasta casi evidente.

Quizás lo mejor sería generar el cambio a partir de cada uno de nosotros, no sólo aceptando a los demás, sino condenando a los que discriminan, dejando de ir a esos boliches, a esos supermercados, y si es necesaria la creación de nuevas leyes, que así sea, siempre y cuando sea claro el por qué y para qué de ellas.

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