Últimamente estuve un poco ocupado con temas académicos (tampoco tanto) y escribiendo para sólo viajes y sólo exactas, por lo que no actualicé mucho esta página.

Leyendo La Nación, encontré un artículo sobre lo difícil que es gobernar la ciudad capital de un estado cuando se es de algún partido opositor. En este caso se trata de la actitud que tomó el gobierno frente a la carpa que instalaron los Kirchneristas frente al Congreso.

El gobierno porteño intentó desalojarlos, ya que no habían pedido permiso y violaban algunas medidas de seguridad mínimas, además de estar muy cerca de las paradas de colectivo (esas fueron las palabras oficiales.) Ahora bien, el gobierno también destacó que los ruralistas sí habían pedido permiso, y parece que habían obtenido el beneplácito de Macri, sólo que los “K” les ganaron de mano.

La cuestión es cómo mantener “neutralidad” siendo de un determinado partido político, ya que sistemáticamente bloquear a los K de manifestarse sería “oponerse a la democracia” (palabras de A. Fernández, quien, dicho sea de paso, no envió a la PFA cuando se desataron algunos incidentes entre manifestantes y empleados públicos del GCBA.) El gobierno fue elegido, entre otras cosas, para mantener el orden, el problema es cuando el orden y la “libertad de expresión” se contradicen. Si fuera alguna parte del mundo donde las manifestaciones ocurren una vez cada tanto, sería sólo 1 día de locura por año (más o menos…) Ahora en Buenos Aires, con cortes de calle prácticamente todas las semanas, ya se vuelve insostenible, y lo peor es que en el fondo la ciudad “paga el pato” por el azar de haber sido la capital.

Ayayay, va a ser duro volver a esa realidad.

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