Elecciones 2007

Hace unos minutos se tendría que haber levantado la prohibición de hablar sobre los resultados de las elecciones en los medios. Sinceramente, no estuve en casa, y no tengo ni idea de cómo serán las tendencias. Sin embargo, me llama muchísimo la atención en qué condiciones se vota.

Primero, comienzo por el DNI, en 2 años (desde el 2005) voté ya 4 veces, y si hay segunda vuelta en estas, serán 5. Mi documento tiene cuatro páginas para elecciones, cada una con 8 cuadraditos, es decir que puedo votar hasta 32 veces. A este ritmo, a los 40 años se tendría que haber llenado; parece mucho tiempo, pero cuando veo el documento de mis abuelos, es ridículamente poco.

Olvidándonos del tema del espacio, el DNI es una vergüenza nacional. Es nuestro documento más importante, pero se escribe a mano, no es plastificado, y no posee el código para ser reconocido por un Scanner, como la cédula o el pasaporte. Sin contar además que por el tamaño es incómodo para llevar encima todo el tiempo.

Después de esta breve digresión vuelvo al tema de la votación; hace ya varios años, Brasil ofreció las máquinas para el voto electrónico, dentro de un convenio para reducir el fraude en Sudamérica. Para variar, Argentina no aceptó la oferta. Esto, a pesar de que da mucho en qué pensar, desde un punto de vista práctico implica que lleve mucho más tiempo votar: alguien que piensa cortar las 5 boletas, como en la Provincia de Buenos Aires, va a necesitar de bastante tiempo entre que las encuentra, las corta y las pone adentro del sobre (que dicho sea de paso, es tan pequeño que la boleta se tiene que doblar en 4 para que entre.) Además, da lugar a la confusión, ya que con el tema de “apoyar a un candidato” se puede ver la lista de presidente de XXX y meter la boleta completa, mientras que se está votando al partido YYY que apoyaba a XXX.

Además las boletas dan lugar al típico juego sucio de sacar de algunas mesas a los partidos que no tienen fiscales; hecho que especialmente se presenta en zonas alejadas de las ciudades, o barrios de bajos recursos.

Entonces, suponiendo que haya alguien que saca ventaja del voto-papel, me llama la atención que el resto no se haya quejado públicamente y exigido que se cambiaran los métodos (salvo López Murphy, que fue al único que lo escuché decir esto.) Es por esto que llegaría a la conclusión de que todos hacen fraude, o sacan provecho, por lo que se anularían mutuamente y salvo uno o dos “giles”, nadie sale perdiendo.

Es el País que nos toca, que forjaron San Martín, Belgrano, nuestros abuelos, padres y ahora nosotros; ¿realmente tendremos ganas de cambiarlo?

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