Cristina KEl viernes leí, después de cenar que el paro se había levantado, aunque permanecían en estado de alerta. Pensé que era un forma de vislumbrar el fin de un conflico que no lleva a nada bueno. Como ya dije antes, es difícil entender las dimensiones de algunas cosas siendo un observador pasivo y a distancia, pero luego de que me dijeran que ya no había carne en el supermercado, creo que me acerqué un poco más a la comprensión de lo que se está viviendo.

Hoy revisé el diario para ver cómo había evolucionado el tema, y me encuentro que los cortes volvieron. El diálogo al que habían llamado no fue tal, sino un intento de convencimiento. Cuál es el sentido de “dialogar” si lo único que se quiere hacer es imponer decisiones ya tomadas. Deberían haberlo llamado “monólogo de la aceptación.” En la columna de Morales Solá hace un breve análisis de lo que pasó durante la última semana y sostiene que la forma de hacer política de los K llegó a su fin.

Recuerdo el año pasado que se había amenazado con un paro del campo (creo que fue cuando se prohibieron las exportaciones) pero finalmente no se llegó a nada. Ahora que se lo tomaron en serio, por la primera vez estoy viendo lo que significa vivir en un país ganadero (agrícola.) Creo que sería hora de pedirle a Venezuela que devuelva las vacas que les dimos a cambio de Fueloil, si llegan por barco a Buenos Aires o Rosario, por lo menos 2 grandes centros urbanos van a poder reabastecerse sin tener que usar rutas.

Será el fin de la política K o de los K?¹ No me gustaría especular sobre eso, pero creo que mantener una postura arrogante y alejada del diálogo sólo cava la fosa en la que serán enterrados. Después de todo, la falta de leche, carne y verduras en los hogares argentinos, por cómo se están dando las cosas actualmente sólo pude ser culpa de una persona. Por lo menos acá en Brasil, en el comedor universitario (Bandeijão), pueden ver el menú diario acá, siempre hay carne y ensalada.

A %d blogueros les gusta esto: