Logo de la fundación de comercio justo

En algún momento de mi vida ya me había cruzado con la idea de comercio justo, pero no le había prestado demasiada atención. El verano pasado en México, en el estado de Chiapas y gracias a la presencia de los Zapatistas el comercio justo volvió a resonar. Finalmente hace unos meses, alojando a dos amigas francesas en mi casa todo tomó otro sentido. Me pregunté cómo puede ser que viviendo en un país como Argentina, no fuera más común escuchar hablar y exigir consumir productos que provengan de comercio justo.

La Fundación Fairtrade se encarga de certificar aquellos productos que cumplan condiciones particulares de respeto a los trabajadores y el medio ambiente. Lo que se propone es generar mejores salarios, mejores condiciones de trabajo, sustentabilidad en el largo plazo y evitar el comercio desigual que en general termina dañando a los comerciantes más pobres. De esta manera cuando uno compra un producto con el sello (que abre esta entrada), es posible saber que no estamos consumiendo el fruto de la explotación infantil y que el precio que estamos pagando fue, de alguna manera, determinado por el propio productor.

Los productos tradicionales que tienen este certificado son el café, el cacao y el algodón. Estos tres tienen una gran presencia en los países más pobres y emplean a millones de personas alrededor del mundo (el café es la segunda industria más relevante del mundo, luego del petróleo). Garantizar mejores condiciones de trabajo para las personas vinculadas con ellos implica un cambio no menor. Con el tiempo muchísimos otros productos se fueron sumando a la lista; podemos encontrar por ejemplo artículos de oro o vino chileno.

Lo que quiero que quede claro es que no todo el café, algodón, etc. que se consume fue producido bajo las condiciones de Fair Trade. Es más, me aventuraría a decir que sólo una pequeña parte lo es. Por eso es importante buscar la etiqueta en las cosas que consumamos, empezar a pedirle a la gente que nos vende que empiecen a conseguir esos productos. Quizás alguno se preocupa cuando compra atún de que no se maten a los delfines durante la pesca; ahora podemos preocuparnos también por la gente involucrada en el proceso productivo.

Hace unos días fui a una Tienda de Café a comprarme una cafetera; obviamente me quisieron también vender algún café especial y les pregunté si era Café de Comercio justo. El encargado del local no supo responderme, de hecho no sabía lo que era. Me pasó lo mismo en Bonafide y Havanna. Starbucks en Europa ofrece productos Fair Trade, pero no se si en Argentina también (¿habrá algún consumidor de Starbucks que me pueda comentar?). Inclusive locales que se dedican exclusivamente a la venta de café no hacen mención del comercio justo.

Y aquí viene la observación más grande de esta reflexión: a pesar de estar buscándolo por las últimas semanas, jamás encontré un producto Fair Trade en Buenos Aires; ya sea entre los chocolates importados o los cafés (asumí que eran los más típicos para encontrar el sellito, pero en general no crucé ninguno.) El Fair Trade no es sólo una cuestión de lujo que se pueden dar en el primer mundo; es una cuestión de derechos.

Algunos vinos argentinos dicen que están comprometidos con el medio ambiente y la comunidad, pero si no hay una auditoria al respecto, ¿cómo puedo creerles? o ¿cómo puedo saber qué significa “estar comprometido”? Por el otro lado, veo que hay algunos vinos chilenos que sí pertenecen al Fair Trade. Está bien; los vinos no son un producto que se caracterice por bajos salarios y explotación pero si es un producto insignia (como podría ser la carne o las oleaginosas) hasta por una cuestión de márketing uno supondría que les convendría formar parte. Así que me pregunto si no seré muy ingenuo con el tema de la no-explotación en la producción de vinos, o si es que simplemente el desinterés es tan grande.

Pensar en el comercio justo como lo planteé recién es sólo el principio del ovillo. Los productos Apple se manufacturan en Asia con gente modernamente esclavizada; las zapatillas o la ropa en general (recordar el caso del incendio en un taller textil en Buenos Aires) muchas veces no son la excepción. Es una realidad muy cercana (no son sólo niños en Tailandia, son los propios trabajadores de la zafra de azúcar en el noroeste argentino) y que está en nuestras manos exigir y ser generadores de un cambio.

De todas maneras, si alguien puede aportar algún dato (un comercio que venda productos de comercio justo, por ejemplo) se lo voy a agradecer y sin dudas voy a difundir ya que es una iniciativa que me parece vale la pena.

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