MEGA.co.nz

Después de toda la controversia que se disparó hace un año alrededor del sitio megaupload (para quienes no recuerden la historia, pueden refrescarla con Fabio) el fundador de dicho sitio, Kim Dotcom, lanza un nuevo servicio llamado MEGA.

Lo estuve probando y la verdad que no se trata de otra cosa que una mezcla del viejo megaupload con dropbox; es verdad que ofrece algunas ventajas como los 50GB y el contenido encriptado “para evitar el ciber-espionaje”, pero no deja de ser un servicio de almacenamiento centralizado.

El discurso sobre las libertades en la red es muy importante que se siga dando, pero por el momento las leyes y la lealtad de los gobiernos hacia las grandes corporaciones sigue existiendo. En todo este interín, lo mejor es buscar soluciones que no sean tan fácilmente atacables, como MEGA. Yo no se si pagaría por un servicio que de la noche a la mañana puede desaparecer llevándose mis datos y mi dinero.

Por el otro lado tenemos los famosos torrents, una forma descentralizada de intercambiar archivos. Como infraestructura es mucho más difícil de derribar por la gran atomización de trackers e indexadores, sumado a que los archivos se encuentran distribuidos físicamente entre miles de usuarios. Países como Alemania adoptaron la política de perseguir a personas individuales que compartan archivos con copyright, saturando el sistema judicial.

Lo cierto es que el debate es bastante peculiar. Empresas que generan ganancias astronómicas, como las cinematográficas o las disqueras, dicen que “perdieron” N millones de dólares por culpa de la piratería. Es un discurso muy ambiguo porque no ganar más sería lo mismo que perder. Por el otro lado hay personas que se enriquecen gracias al intercambio de archivos protegidos por derechos de autor (Kim Dotcom siendo uno de ellos). Y en el medio están las empresas de comunicaciones que en todo este intercambio de archivos siguen siendo intermediarias y grandes beneficiarias, sin siquiera tomar parte en el debate.

Lo paradójico de todo esto son las editoriales. La industria más antigua de las tres y una de las que menos se queja; lograron desarrollar eBooks y venderlos. Lograron poner a los autores mucho más cerca de los lectores (ojo, no digo que las editoriales sean santas) y sin dejar de generar grandes beneficios. Desde el momento en el que se inventó el primer reproductor de MP3, las disqueras se alejaron de los consumidores y lo mismo las cinematográficas una vez que el ancho de banda, la resolución de las pantallas y la calidad del sonido crecieron lo suficiente.

CDA, no disponible

Algunos proyectos interesantes como el CDA argentino, están geográficamente limitados. Entiendo que son cosas financiadas con impuestos locales, pero si el fin no es lucrar con ellas, no veo de qué manera aumentar la audiencia internacional puede ser en detrimento de la cultura local.

Todavía hay un camino muy largo para ser recorrido, tanto por los usuarios, como por los artistas y los empresarios. En el medio de todo esto, estados ágiles a la hora de generar nuevas leyes, nuevos marcos regulatorios serán fundamentales para poder progresar.

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