Policeman fue la primer película del BAFICI que tuve la oportunidad de ver. Es una producción israelí que según pude leer no tuvo buena repercusión en su propio país. En algún lugar habían publicado que se trataba de algo al mejor estilo Tropa de Elite, pero no tiene nada que ver. La historia tiene dos ejes: por un lado los policías de la fuerza anti-terrorista (parecido al BOPE carioca); nos muestran un poco de las relaciones entre estos personajes, más bien distantes y cagadoras. Por el otro lado se incluyen 4 adolescentes que quieren iniciar una revolución en contra del estado capitalista en el que se transformó Israel.

No conozco tantos israelís como para juzgar, pero la película no los deja para nada bien parados. En los primeros minutos deciden hacer que un policía enfermo de cáncer cargue con toda la culpa por una metida de pata policial (total se va a morir). Las relaciones entre esposos, amigos, todo es increíblemente distante e interesado. Por el otro lado, incluir algún tipo de crítica social a través del discurso de un grupo “revolucionario” es demasiado simplista. La crítica la tendrían que haber incluido, en tal caso, a través de los propios policías como lo venían haciendo (hay algún atisbo de racismo, cuando se sorprenden de que los revolucionarios no sean árabes).

En general la película me gustó, pero no demasiado; el sonido me perturbó un poco (cada vez que se saludaban, las palmadas en la espalda sacudían mis oídos). La fotografía era aceptable y las actuaciones me parecieron bastante buenas. El guión me pareció el punto débil. Si bien algunos personajes se logran desarrollar, las relaciones entre ellos no quedan claras. (No quiero arruinarle la película a nadie, pero…) Además de que la idea de secuestrar a un par de ricos y pedir que vayan las cámaras y encerrarse en un lugar sin ninguna salida es más bien infantil, la visión del líder revolucionario no está para nada bien lograda.

Una pena, porque es una película que podría haberle ido muy bien, pero que se queda en el camino.

Es conocida la sofisticación de los cuerpos militares y policiales israelíes, nacidos al calor de la necesidad de un país donde la violencia no sólo está en el pasado sino que es una frontera cotidiana. Yaron forma parte de un cuerpo policial de elite, similar al BOPE carioca. Aunque no sepa admitirlo, sus ideas, modos de relacionarse e incluso su sexualidad están teñidos del culto al valor y la justificación de la violencia propios de la institución. Mientras tanto, y descontento con el estado de cosas, un grupo de jóvenes que oscila entre la certeza ideológica y las vacilaciones propias de la postadolescencia busca diferenciarse con un acto de rebelión. Policeman es una película polémica porque no se limita a ejercer el punto de vista de una de las partes: de hecho, parece igualmente cruel con ambas. Al exhibir el machismo desenfrenado que está en la raíz del monopolio estatal de la fuerza, así como la inmadurez y soberbia de los pretendidos revolucionarios, denuncia –siempre sin énfasis ni hipérbole, evitando la trampa de lo dramático– el autismo de ambos bandos, su incomunicación y desprecio por ese mundo que con sus acciones pretenden mejorar.

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