Up, Una aventura de altura Hacía tiempo que no iba al cine y esta vez el privilegio lo tuvo la película animada de Pixar Up, una aventura de altura. Primero me llamó la atención la rara traducción del título, ya que le mantuvieron una parte en inglés y le agregaron una segunda parte en español, pero es sólo un pequeño detalle. La historia comienza con un niño (Carl Fredrickson) cuyo héroe es un explorador (Charles Muntz) que es puesto en ridículo ya que aparentemente sus descubrimientos eran falsos y decide irse a “Las cataratas del paraíso” en América del Sur, a buscar a un extraño animal y no regresar hasta haberlo hecho.

Mientras tanto el niño conoce al amor de su vida, crece, se casa, se vuelve anciano y enviuda. Esta historia se narra sólo con imágenes y música, en muy pocos minutos. Me encantó cómo la selección de escenas reflejaron una cantidad de sentimientos inmensa (recordar que es animación, por lo que no hay actores, sino simulaciones de computadora.) El único nexo que queda entre el anciano y su esposa es entonces la casa, que construyeron juntos. Alrededor de ella se están erigiendo un grupo de rascacielos, por lo que la permanencia del viejo en ese lugar también peligra.

En algún momento se involucra a la historia Russell, un niño explorador que ansía ganar la última insignia que le falta para ser promovido: ayudar a un anciano. Lo genial es que así como el niño se involucra en la vida del protagonista, también se involucra en la película. De un momento a otro nos veremos nosotros también obligados a su compañía e iremos construyendo cierta simpatía hacia él. Por un resquicio legal Carl es obligado a irse a una residencia para ancianos pero antes de hacerlo decide inflar con helio un sinfín de globos y hacer volar su casa hacia América del Sur, hacia las Cataratas del Paraíso (tengo entendido que se trata del Salto del Ángel, en Venezuela, pero creo que no se hace una referencia directa a ello.) Esta multicolorida forma de escapar de la realidad sin dudas podría ser interpretada de muchas formas. Por una de esas casualidades, Russell también se encuentra en la casa y allí surge la verdadera historia: las peripecias de ambos hasta llegar a destino.

SI tuviera que usar una sola palabra para describir a la película, diría que es “linda.” Sin dudas es más infantil que otras películas animadas, pero no por eso menos divertida. Los chistes “para adultos” son realmente pocos pero consigue arrancar sonrisas (y en mi caso carcajadas) en más de una oportunidad; también consigue, al igual que clásicos de antaño como el Rey León, generar más de un lagrimón. Es una película en la que sin dudas vale la pena dejarse llevar.

Una mención más que especial merece el doblaje (por lo menos aquí en Argentina.) Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de poder escuchar una película y no tener que preocuparme por leer; el español que se usa no suena ajeno, ni extremadamente neutral. Las voces corresponden bastante bien con los personajes, y creo que en ningún momento da para sospechar que no se trate de la versión original. Me llamó la atención que en varios cines de Buenos Aires la película se ofreciera sólo en español (en general para este tipo de filmes se ofrecen las dos versiones) pero luego de verla, puedo decir que el resultado es genial.

Finalmente, me atrevería a decir que es una buena película para ir a ver con un hermano menor, un hijo o un nieto (o en caso contrario, con un abuelo, con sus padres o un hermano mayor) ya que todos se divertirán y podrán aprovechar de una gran historia, narrada muy amenamente y con un grado de perfección en la animación que cada día me sorprende más (me gustó que los personajes no fueran demasiado humanos, sino que tuvieran un toque caricaturesco.)

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