Hace unos días cuando reseñaba “The Life Aquatic” había prometido ver alguna otra película de Wes Anderson para poder definir si es un director que me gusta o no. Esta vez llegó el turno de “The Royal Tenenbaums” (en español: “Los Excéntricos Tenenbaum“).

En esta película nuevamente se presenta el tema de la familia como eje central (tanto en Darjeeling… como en Life Aquatic… son un componente importante); los Tenenbaums son una familia de prodigios, el padre solía ser un gran litigante, la madre una antropóloga relativamente exitosa y los hijos se destacaron tanto en deportes como en los negocios o la producción teatral. La voz de un narrador (Alec Baldwin) nos hace una rápida introducción a cada uno de los integrantes de la familia y de la casa donde viven, que se transformará prácticamente en un personaje más.

Pero la película no se centra en los años felices de la infancia sino en la crísis que se genera a partir del divorcio, la soledad y fracaso que cada uno de los personajes atraviesa, hasta que Royal (el padre, Gene Hackman) decide volver a la casa a recuperar el tiempo perdido, alegando una enfermedad terminal que no le dejaría más que seis semanas de vida. Esto produce que sus hijos Chas (el exitoso hombre de negocios, Ben Stiller), Margot (la escritora, Gwineth Paltrow) y Ritchie (el tenista, Luke Wilson) también regresen.

De a poco se van explorando las relaciones entre cada par de personajes: la madre (Anjelica Huston) con su nueva pareja, el contador de la familia (Danny Glover); Royal y su ex-esposa (a la que nunca le había dado el divorcio); Margot con su marido (Bill Murray) y su amante (Owen Wilson); Royal y el mayordomo Pagoda (quien lo había apuñalado, pero también le había salvado la vida); Ritchie y su enamoramiento por Margot, la hermana adoptada; Chas con sus dos hijos y su complicada relación con Royal y así sucesivamente.

A lo largo de toda la película se plantean situaciones exageradas, se deja entrever un pasado remoto aún más extraño (por ejemplo cómo se conocieron Royal y Pagoda, o la presencia de la difunta abuela) pero nunca se pierde de foco que lo que se quiere retratar es lo más simple de las relaciones humanas. El elenco es, como en todas las películas de Wes Anderson, destacable. Creo que ninguno, salvo quizás Gene Hackman, roba más pantalla que los demás. Inclusive con la oscilación entre la comedia y el drama no se cae en la ridiculización; Ben Stiller aparece prácticamente toda la película vestido con un buzo y unos pantalones Adidas rojos y un peinado afro y sin embargo logra mantener la compostura.

Un detalle que me parece se debe destacar es que a cada personaje se le dedica el tiempo suficiente (ayudado obviamente por la voz en off) para poder comprenderlo; no nos quedamos con dudas grandes sobre qué es lo que habrán hecho antes o lo que harán después. La mezcla nuevamente entre la comedia y el drama nos hacen pasar un momento súper agradable; si bien no arranca una carcajada, tampoco nos deja un aire de desasosiego. Además de infinidad de detalles (como el Gipsy Cab Co. para aquellos que la vieron) o las locaciones en las que se filma, que nos mezclan todo el tiempo esta situación de realidad y ridiculez (como en Life Aquatic… pueden haber sido esas animaciones de los animales).

Esta película me pareció un poco más difícil de digerir que las otras dos que vi pero no por eso no valió la pena. Son películas diferentes, sin dudas, con el 100% del presupuesto en los actores y sus actuaciones. Gene Hackman se lleva realmente un aplauso. La música, como siempre, otro detalle memorable.

Para los que quieran, la película está en Cuevana con buenos subtítulos. Les recomiendo esta entrevista al director, en la que le preguntan sobre las similitudes entre su propia familia y la película.

En Fotograma y Cinecanto hay otras críticas.

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