Hace dos días que me despierto con la sensación de que debería irme a Holanda.

Cuatro años atrás escribía esas líneas en mi diario. Hace poquito menos de cuatro años que empecé lo que, en ese momento, llamé mi nueva vida en Leiden. Pasaron cosas, pasaron casas, pasaron personas. Las despedidas más duras fueron aquellas que no pude dar. Los últimos abrazos que no existieron.

Y ahora me despierto deseando encontrar esa misma sensación. Esa misma claridad.

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