En general los blogs que leo o trataron muy superficialmente el tema de la inauguración del LHC, o no lo trataron. Como dije en un post anterior, muchas visitas llegaron a este blog gracias a un artículo que escribí en 2007, cuando habían terminado la construcción del acelerador en Suiza. Y gracias a un comentario, llegué a un blog: Volando Como Mariposa, en el que se plantea una reflexión muy interesante: “no juguemos a ser Dios.”

Sabía que este tipo de reflexiones iban a surgir, pero todavía no me las había cruzado. El hecho de que se la llame la Máquina de Dios, es una cuestión puramente de Márketing. En este delirio colectivo que se generó a partir del temor infundado de que se tratara del fin del mundo, había que darle un nombre apropiado al LHC, ¿no?

En el blog que cité se habla de crear vida, crear otros planetas y sobre Dios… ¡Claro! No había entendido que con un acelerador de partículas podemos aniquilar a Dios… Y crear un Universo donde prescindamos de él. ¡Pero por el amor de Dios! Puedo entender que algunos experimentos tengan barreras morales, como los que involucran a la genética, pero este de hacer chocar protones, sinceramente no me imagino a algún físico haciendo una objeción de conciencia.

Creo que es importante siempre aprender, de todo lo que uno se cruza en la vida, y en particular ese blog nos está diciendo lo mal que hemos educado a los jóvenes (la autora se declara argentina.) Es una persona que desconoce completamente lo que se quiere hacer en el LHC y más importante todavía: desconoce el método científico.

No pretendo que todos sepan lo que es un Hadrón (yo todavía no lo se) o específicamente para qué sirve el Bosón de Higgs (por lo menos entiendo lo que es un bosón,) ya que implicaría cursos avanzados de física para todos; lo que sí pretendo es una visión crítica de la realidad. No puedo creer que se diga “Jugar a ser Dios” para un experimento como el del LHC. Sería lo mismo que culpar a alguien que estudia la caída libre de que no está dejando que se ejerza la libre voluntad de Dios sobre ese objeto que hacemos caer.

En fin, ¿la culpa de quién es? Porque siempre alguien tiene la culpa… Y yo creo que primero, el más responsable, es el sistema educativo; no se crearon pensadores críticos, sino absorbedores de noticias; lógicamente los periodistas que difunden esta información son fruto de ese sistema. Y la culpa es de los científicos también: Por no acercar su ciencia a la comunidad.

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