Quizás algunos alumnos lean mi blog (por lo menos tengo la certeza de que varios me siguen en Twitter, a pesar de que yo lo use de forma indirecta solamente), o quizás no. De todas formas mañana tomo mi última prueba en quinto año, a los de cuarto los mandé a hacer un informe de laboratorio y resolver unos ejercicios.

La prueba que tomo es de óptica, tuve que preparar 6 temas diferentes para evitar copiadas. La verdad es que no estuve muy inspirado con los ejercicios, así que son más bien fáciles, tienen que dibujar alguna marcha de rayos y resolver algunas cuentas; si estudiaron, no lleva más de 30′ hacerlo completo (y tienen 40′ en total). Además, son muy parecidos a los ejercicios de la guía que les dí (y que sólo eran 10).

Pero, volviendo al tema de que es mi última semana de clases (el párrafo anterior era sólo una ayuda para algún alumno lector que haya…) Realmente fue una buena experiencia, tener que pararme día tras día al frente de diversas clases de 25 adolescentes de cuarto y quinto año a contarles algo que de alguna manera los interesara, que a mi no me aburriera contar, aprender a planificar las clases y meter la pata con algunas cosas.

Sin dudas es un buen ejercicio el hecho de estar al frente de un grupo de personas y tener que ponerse a hablar. No es la primera vez que lo hago, pero sí es la primera vez que todos están al acecho para intentar descubrir cuándo uno se equivoca y explotar esa debilidad transitoria.

Me llamó mucho la atención la desinterés que tiene la mayoría de los adolescentes a los que le di clases por entender el mundo que los rodea. Intenté partir siempre de ejemplos de la vida cotidiana, pero no, querían limitarse “a aprender física”. Intenté que vieran que el fundamento de la fotografía es física, pero no les interesó, que iban a poder explicar por qué con una lupa se prende fuego, pero varios me dijeron que nunca lo hicieron.

Por el otro lado, algunos tienen curiosidades transitorias del estilo “qué es un agujero negro”, o “cómo resuelvo físicamente el pogo de 1000 personas en un estadio.” Sí, física es todo eso, pero el camino para poder explicarlo es largo y se tiene que confiar, en cierta medida, en las pautas que plantean los docentes que garantizan los cimientos para construir todo un edificio de conocimientos que se ramificará como los alumnos quieran.

A los de cuarto año les mostré que pueden entender la boleta de la luz. No se si un economista que se encargue de fijar el precio de la electricidad es capaz de tener una visión tan global desde la generación hasta el consumo como pudieron resolver (y quizás entender) estos chicos. Quizás sea lo único que recuerden en algunos años, que los hice llevar una boleta de luz a la clase. Pero si en las cabezas les queda resonando un poco la idea de conservación de la energía, yo me doy más que satisfecho.

A los de quinto ya los agarré completamente desinteresados por la ciencia. Incapaces de entender el vínculo entre lo que es el mundo y lo que se enseña adentro de la escuela. Todavía les falta un largo camino por recorrer, por lo que no pierdo ninguna esperanza.

Y lo que me agarró más fundamentalmente fue la duda de cómo era yo cuando tenía esa edad. No hace tanto, soy apenas 6 o 7 años más viejo que mis alumnos, quizás veía al mundo como ellos lo ven ahora, quizás tuve algún profesor (se que lo tuve) que me hizo cambiar mi forma de pensar. ¿Habré sido capaz de modificar al curso de alguna de esas vidas, aunque mi paso por el colegio haya sido casi despreciable (2 meses y medio en 5 años…)?

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