Copacabana

(Viene de La Paz)

Vistas del viaje La Paz - CopacabanaEn la Terminal de la Paz nos vendieron un pasaje hacia Copacabana advirtiéndonos que era un micro para turistas, es decir un micro con ventanas más grandes, aire acondicionado, etc. También nos habían dicho que la forma de conseguir pasajes más baratos era yendo al cementerio general, pero por lo que nos contaron después, los viajes son en camionetas chicas, llenas de gente, sin espacio para las personas y ni que hablar de las mochilas y a veces se la pasa realmente mal.

Mapa del Lago TitiCaca
El viaje no es demasiado largo, son sólo unas 3 o 4 horas pero el micro salió con casi una hora de retraso (extraño, ya que hasta el momento la puntualidad de los micros en Bolivia había sido impecable.) Hay un momento en el que se tiene que cruzar en balsa, ya que Copacabana está en una península que comienza en Perú, pero la punta es parte de Bolivia. El cruce hay que pagarlo por separado, a pesar de que nadie nos hubiera avisado; afortunadamente es poco dinero.

Llegamos a Copacabana a las 13. Para ir situándonos un poco temporalmente, era recién 8 de enero, por lo que el ritmo al que veníamos subiendo era increíble (en sólo 6 días ya estábamos a un paso de Cusco.) La ciudad es bastante pequeña, por lo que recorrerla en busca de un hostel no fue un problema. Lo que resulta difícil es encontrar uno con cocina, así que deberíamos seguir sufriendo las consecuencias de la dieta boliviana.

Como era temprano, salimos a recorrer un poco. Es difícil encontrar información turística. Nadie sabe qué recomendarle a un turista que haga en su ciudad. En todos lados se venden las mismas excursiones: Isla del Sol y de la Luna, Puno y La Paz. Es difícil encontrar alguien que sólo quiera visitar la ciudad de Copacabana como nosotros. En una de las agencias nos dan un pequeño (realmente muy pequeño) mapa con algunos lugares marcados, que podrían resultarnos de interés.

El primero es uno llamado “La Horca del Inca.” Usualmente cuando se le pone el artículo a la palabra Inca lo que se quiere decir es el líder del imperio, por lo tanto por “El Inca” se puede entender, por ejemplo, a Pachacútec. Fuimos siguiendo las instrucciones que nos dieron, hasta que llegamos el límite de la ciudad de Copacabana, al pie de uno de los cerros. Había un pequeño cartel escrito sobre una madera, en forma de flecha que indicaba que estábamos yendo en la dirección correcta.

Subida a la Horca del IncaEra una gran subida, una escalera de piedra en la ladera de un pequeño monte. La altura a la que se encuentra la ciudad hace sentir rápidamente sus efectos. De todas formas se trata siempre de un buen entrenamiento para el camino del inca, que deberíamos realizar en los próximos días.

Horca del incaAl llegar a la cima, luego de media hora, nos encontramos rodeados por piedras y ninguna otra indicación. No sabemos qué es lo que estamos viendo. Repentinamente ante nuestros ojos aparece una estructura que podría ser una horca. Mientras tomábamos un poco de agua y descansábamos, aparecen dos chicos, de 11 años (Edwin y Víctor). Nos ofrecen explicarnos lo que estábamos viendo a cambio de unas monedas. Primero desconfiamos un poco, pero luego nos dejamos llevar por el momento. También nos ofrecen visitar otras cosas interesantes, por un precio fijo.

Edwin y VíctorEn ese mismo momento vemos que otro turista estaba subiendo hacia la Horca. Pensamos esperarlo así dividíamos el gasto. Uno de los chicos se dio cuenta (evidentemente tenía una vista excepcional) de que era una mujer china la que estaba subiendo. A pesar de haber estado más de 6 meses viajando por Sudamérica, no había aprendido a hablar español, por lo que tuvimos que comunicarnos en inglés con ella. Afortunadamente aceptó acompañarnos y dividir lo que le pagaríamos a los chicos.

Comenzamos a caminar, primero por unos senderos, luego por la ladera de las montañas, sin saber hacia dónde nos estaban llevando. Pensándolo a la distancia, era un gran riesgo, pero son esas cosas en las que uno se lanza sin meditarlo demasiado. Al cabo de una hora llegamos a la entrada de una cueva. Ellos nos dicen que era una antigua mina Inca de oro, que fue saqueada por los españoles. Nos dicen que se puede entrar, que ellos tenían una linterna así que no teníamos de qué preocuparnos. Cueva en CopacabanaComenzamos a bajar, las piedras se desprendían de las paredes y el piso era más bien barro que otra cosa. Finalmente llegamos a la parte más baja. Quién sabe dónde nos estábamos metiendo. No pasó mucho hasta que la linterna dejó de andar, quedamos en la oscuridad casi absoluta. Un poco de luz que entraba permitía ver reflejos dorados en las paredes. ¿Sería Oro? Es bueno creer que sí lo era, como los chicos nos dijeron. Nos llevaron a un lugar en donde se suponía que había una momia, también robada por los españoles.

Espejos de Agua:

Espejos de Agua para observación astronómica

El trono de los reyes:

Víctor y Edwin sentados en el trono de los reyes

Luego salimos de la cueva, no con menos esfuerzo del que demandó entrar. Estábamos listos para seguir caminando. El pacto que habíamos hecho era que nos llevarían a ver unas pinturas rupestres también. Caminamos un rato largo, pasando por algunos campos, escapando de unos perros que venían a defender su territorio. Llegamos a un sector donde se veían unos dibujos en las paredes; este lugar había sido uno de los que nos recomendaran en la ciudad, aunque no sabían cómo se llegaba. También en las piedras del suelo había un sistema de espejos de agua, utilizados en la observación astronómica. Una estructura de piedra en forma de asiento es lo que nuestros guías identificaron como el trono del Inca, y no pudo faltar la foto sentados en él. La última curiosidad que nos mostraron fue un pequeño pozo, de un metro de diámetro y no más de medio metro de profundidad, en el que bañaban a los bebés. Es difícil identificar lo que hay de mito y de cierto en lo que los chicos nos contaron; llama mucho la atención a veces el sincretismo religioso presente en toda la Cordillera de los Andes.

El cuarto de los reyesEn ese momento nos ofrecieron seguir subiendo, hacia el cuarto de los reyes. La noche iba cayendo, así también como el frío. Nico y Flor decidieron que no querían seguir. La chica taiwanesa (a la que apodamos de Chun-Li) y yo continuamos subiendo, con los chicos. Este tramo fue casi de escalada y la falta de luz lo hizo aún más difícil. Finalmente llegamos a unas cuevas, no demasiado grandes, que según dijeron eran las habitaciones reales. Tenían identificado el catre, una cocina y un pequeño hogar.

Inmersos en la oscuridad:
Víctor y Edwin desde la cámara de Nico

Puesta de Sol desde las alturasLa bajada fue aún más complicada ya que el sol estaba definitivamente desapareciendo. Las fotos de la puesta del sol que se tomaron desde allí arriba fueron espectaculares. Nico y Flor se habían comenzado a preocupar por nosotros, pero finalmente aparecimos. Los chicos conocían muy bien el camino, así que no tuvimos problemas salvo algún que otro resbalón. Nos llevaron hasta la ruta, para que nos tomáramos un bus hasta la ciudad. También nos dijeron que ellos a pie llegarían más rápido que nosotros en bus. Efectivamente al llegar a la ciudad, pasaron corriendo y se burlaron de nosotros.

Este es verdaderamente el espíritu que tiene que tener un viaje. De una situación común, como ir a visitar unas ruinas, se transformó en todo una aventura, simplemente por el hecho de dejarse llevar. Es difícil que pasen cosas así mientras uno está en una gran ciudad, especialmente cuando uno está en su ciudad. No se si alguna vez, desde ese día me volví a sentir de la misma forma. Quizás ese deba ser mi próximo objetivo, salir a encontrar sentimientos, experimentados alguna vez, o completamente nuevos.

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