Hace un poco más de una semana que volví a Buenos Aires. Después de Leipzig pasé por ciudades que realmente me fascinaron y no tuve demasiado tiempo de entrar a Internet para actualizar el Blog; tampoco es mi intención hacerlo ahora, que ya estoy en casa, sino simplemente contar cómo fue mi itinerario. Seguramente encontrarán información más detallada, anécdotas y fotos en http://www.solo-viajes.com.ar.

De Leipzig me fui a Berlin con un chico brasileño que conocí a través de una de las Couch Surfers de la ciudad. Berlín es una ciudad inmensa, difícil de describir en pocas palabras. Es impactante el contraste entre las zonas reconstruídas y las medio abandonadas. Hay muchas casas ocupadas, aunque los alquileres sean baratos. Es una ciudad donde toda forma de expresión está permitida, no hay tráfico en las calles y hace mucho frío. Visité Sachsenhauser (un campo de concentración) y Potsdam, donde está el “Versalles Alemán.”

De Berlín me fui a Köln (Colonia) donde me quedé un par de días; como la ciudad es chica, aproveché y me fui a visitar Bonn, ex-capital de lo que era la República Federal Alemana. Fue divertido y conocí mucha gente. Bonn es tranquila, con grandes barrios residenciales con casas como se ven en las películas. Colonia tiene una Catedral impactante (la más grande de Alemania) y donde se supone que están las cenizas de los reyes magos.

El tiempo comenzaba a acabarse, así que decidí ir a Amsterdam, la única ciudad que visitaría de Holanda. Fui pensando en Marihuana solamente y me encontré con una ciudad maravillosa. La gente es súper amable, las chicas son súper lindas, hay canales, puentes, casas hermosas. El turismo se concentra en pocas cuadras, bien en el centro, por lo que es fácil escapar de él cuando se quiere. Me impactó el Begijnhof, un lugar súper céntrico y super tranquilo. Conocí mucha gente, que encontraría más adelante en el viaje.

De Amsterdam fui fugazmente a Bélgica; me quedé en Leuven, en la casa del chico que había conocido en Praga (supongo que escribí sobre el en su momento.) Visité Bruselas, la casa donde nació cortázar, el Parlamento Europeo, el Centro. Es una ciudad chica, el tiempo no me alcanzó como para formar una opinión. Fui a Brujas; es linda, pero sólo eso, no lo encontré nada particularmente especial. Es simpática para andar en bicicleta y perderse por las calles. Hay una Iglesia donde se supone conservan sangre de cristo. Probé infinidad de cervezas, una más rica que la otra, pero caras. Conocí mucha gente.

Fui a París. No hay nada que hacer, que la ciudad sea linda es innegable; no me impactó quizás tanto como supuse que iba a hacerlo, al igual que Praga. Me encontré con viejos y nuevos amigos, caminé mucho (¡muchísimo!) entré a 1 sólo museo (el Louvre, por supuesto.) Fui a Versailles, paseé por los jardines, entré al palacio. Visité Iglesias, avenidas, cementerios (3 diferentes.) Tengo fotos de la tumba de Langevin y de Cortazar. Creo que Paris es casi como Buenos Aires: una ciudad que vale realmente la pena visitar y quizás dedicarle unos meses, pero donde la vida es muy complicada.

Finalmente volví a Madrid, en un vuelo Low Cost (el único del viaje) que me forzó a pasar la noche en el aeropuerto Charles De Gaulle (fue bueno ver que había mucha gente como yo.) Llegué a Madrid a la mañana, fui a lo de Manuela, una amiga. Dado que no había dormido nada la noche anterior, me fui a pasear, llegué a un parque y me dormí una siesta. El día estaba hermoso, bien primaveril (no se qué tan raro es para Madrid en esa época del año.) Salí con Manuela, con sus amigos de piso, solo. Ahora que lo veo a la distancia, sin dudas Madrid es una ciudad hermosa.

Y ahora estoy en Buenos Aires. Seguramente podría ser envidiable para muchos, pero para mi es otra vez la rutina; es como para un parisino volver a París.

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