De Tupiza a Uyuni

(sigue de Saliendo de Argentina)

Luego de pasar una noche en Tupiza, decidimos que lo mejor era seguir hacia Uyuni. Había varias alternativas para hacer el viaje: Una era en Tren, sólo que había que esperar algunos días hasta que se consiguiera lugar; hay unos micros que cubren el recorrido, pero nos avisaron que por la lluvia muchos de esos micros se quedaban varados en el barro, y la última opción era hacer el trayecto en 4×4. Salimos a buscar precios en lo que quedaba del día y nos llevamos la sorpresa de que eran demasiado caros (por lo menos para los precios a los que nos estábamos acostumbrando en Bolivia.)

Encontramos una agencia en la que nos hacían un buen precio por la camioneta con guía, pero teníamos que sumar más gente para que el precio fuera realmente bueno. Dando vueltas encontramos a un matrimonio con 2 hijos que estaban en la misma situación que nosotros. Nos pusimos de acuerdo para salir hacia el salar al día siguiente, dividiendo el gasto de la 4×4.

La 4x4 que nos llevó hacia UyuniAmaneció fresco pero despejado, de una forma única para lo que sería el resto del viaje. Durante la noche se escucharon las campanadas porque era el día de reyes (sinceramente yo dormí como tronco, pero fue el comentario de todo el resto.) Nos dirigimos hacia la agencia en donde nos encontramos con el matrimonio, sus hijos y nuestro guía/chofer. Nadie entendió su nombre, por lo que lo apodamos posteriormente Washington cada vez que nos referíamos a él. La salida se fue demorando, entre que pasó a buscar un tanque con nafta (que llevaba en el techo) una protección para el radiador y otras cosas.

Pasando los 4.000 metros de alturaEl viaje desde Tupiza hasta Uyuni es espectacular. Se comienza a ganar mucha altura, con lo que la vegetación comienza a escasear, así también como los poblados. Se ven vestigios de minas abandonadas, que quizás ahora están reabriendo por la suba del precio de algunos minerales como el cinc. A mitad de camino se superan los 4.000 metros de altura, por lo que es recomendable tomárselo con mucha calma (nada de salir a correr ni mucho menos.)

Foto de una de las minas que se ven durante el camino:
Mina de cobre

Estación Atocha, por donde pasa el tren que va hacia Uyuni.
Estación de tren Atocha

Uno de los pueblos mineros en el camino:
Mercado de Urkupina

El porongoSe pasa también por una formación rocosa con una forma fálica muy marcada, a la que los guías muy elocuentemente llaman “El Porongo.” Es imposible resistir la tentación de pedirle que nos deje bajar para retratarlo. También uno comprende velozmente que está en Bolivia, aparecen carteles que dicen “Proivido pasar” o mujeres cargando kilos de ramas secas en el medio del desierto.Mujeres cargando ramas

Llegamos a Uyuni a las 2 de la tarde, luego de 6 horas de viaje. Afortunadamente no habíamos hecho el viaje en micro, ya que habíamos visto varios que se habían quedado en el medio de la ruta por el barro. En la ciudad no hay árboles, si bien no hacía calor, el sol es realmente abrasivo. Uno siente cómo poco a poco se va quemando la cara, las manos, cualquier cosa que quede expuesta. Buscamos un lugar para almorzar, cosa que fue complicado porque a las 2 ya habían dejado de servir el menú y sólo ofrecían lo que les había quedado del mediodía.

Salar de Uyuni

Hotel de SalLuego de saciarnos partimos hacia el salar con el mismo guía y el matrimonio. A medida que se entra se comprende que es algo mucho más grande de lo que se podía haber imaginado. El sol reflejado en el suelo, el viento. Llegamos hasta el hotel de sal (no se si hay más de uno.) No entramos porque cobraban simplemente por eso. Las vistas son alucinantes: un océano blanco, en el que se destacan 3 o 4 montañas en el horizonte. La leyenda dice que en una pelea de Dioses, una diosa llenó el lago con leche de su seno. La explicación geológica la desconozco (al igual que nuestro guía.)

Con Washington

Hay otras excursiones al salar, de 4 días, en las que se visitan muchas más cosas: lagunas, cuevas y hasta se llega al corazón del salar en el que realmente no se ve nada salvo sal. Leí en Blog de Viajes que es muy común para los argentinos que viajan hacia Cusco no hacer la excursión principalmente por la falta de tiempo. Generalmente son las cosas que se aprenden después de haber viajado, y por las que siempre vale la pena volver.

En Uyuni se encuentra también el cementerio de trenes, al que no pudimos ir porque ya había cerrado. En ese momento se habrían varias posibilidades: podíamos quedarnos hasta el día siguiente, por consecuente pagando una noche de hostel, para ver el cementerio de trenes, o salir hacia Oruro y dormir en el micro.

Uyuni apenas baja el sol es una ciudad muy amigable. En el centro se llena de turistas, la mayoría argentinos, que salen a pasear, a ver las artesanías. Sin embargo preferimos seguir camino hacia el norte. El cementerio de trenes no llamaba tanto la atención.

Los micros se habían llenado, ya no había lugar, así que la única alternativa era viajar en 4×4, así como habíamos llegado íbamos a continuar. O por lo menos eso era lo que pensábamos…

(Más fotos de Uyuni)

(Sigue en De Uyuni a La Paz)

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