De Uyuni a La Paz

(Sigue de De Tupiza a Uyuni)

Se había hecho de noche en Uyuni (cuanto más cerca del Ecuador, en verano los días son más cortos) y todavía no sabíamos cómo nos íbamos a ir, o de quedarnos, en dónde lo íbamos a hacer.

Algunas personas nos dijeron que iban a hacer noche en Uyuni, para salir bien temprano en tren hacia Oruro. A nosotros nos pareció una pérdida de dinero y tiempo pasar una noche en una ciudad mientras que se podría haber aprovechado viajando.

Los micros no tenían más espacio (tampoco es que hubiera demasiada oferta) pero afortunadamente encontramos que había varias 4×4 que hacían el trayecto. Pensamos que el viaje iba a ser como el de Tupiza a Uyuni, sólo que con un chofer que no fuera guía, por ende más barato. Encontramos un lugar donde el precio parecía razonable así que compramos los pasajes y nos quedamos esperando que se hiciera la hora de la partida.

La camioneta era muy parecida a la que nos había traído, sólo que tenía los asientos puestos en los laterales, es decir que había dos hileras de pasajeros que viajaban enfrentados, de costado hacia donde se avanzaba. De a poco fuimos conociendo al resto de los viajeros, en su totalidad bolivianos; poco a poco llegó más gente, hasta que sumábamos 10 personas, más el chofer y una acompañante. Éramos casi el doble de los que habíamos sido a la mañana, para viajar en el mismo espacio.

El chofer amigablemente nos dice que había hecho el camino a la mañana y que todo debería estar bien; además hizo hincapié en que no nos preocupáramos porque tenía suficientes hojas de coca como para no dormirse manejando. Vimos que el resto de las personas llevaban mantas, por lo que supusimos que iba a ser un viaje frío. Las mochilas, como de costumbre en Bolivia, viajan en el techo.

A la hora y media de estar viajando, nos detenemos en un pueblito en el medio de la nada. Era difícil saber si estábamos en el centro o en la periferia, era imposible saber si tener miedo o si era normal. Luego de un rato nos dicen que habíamos pinchado una goma. El riesgo de cambiarla era que faltaban todavía 6 horas de viaje (por lo menos) y pinchar otra vez implicaría quedarse en el medio del altiplano. Sabiamente el chofer decidió reparar la goma en ese pueblito. Hacía no más de 5°C, corría un viento que se colaba por entre nuestras ropas. Veíamos cómo los micros a los que no nos habíamos podido subir pasaban uno detrás del otro, hasta que uno se detuvo. Había también pinchado. Parece que había algo en la ruta.

Finalmente emprendimos de nuevo el viaje. La cumbia boliviana volvió a sonar a todo volumen (otra de las tácticas para evitar el sueño) y el ruido del motor volvió a oírse. Me alegró no haber comido nada; entre que se viaja de costado, apretado y con calor (dentro de una camioneta con 12 personas es fácil llegar a sentir calor) es poco probable no sentir náuseas. Más de una vez dormité y al despertar y ver que la ruta pasaba hacia el costado y no hacia atrás me asusté pensando que estaba en el medio de un accidente.

El chofer decidió parar para comer algo. Nadie sabía bien cuánto faltaba, pero no era mucho. Llegamos a Oruro a las 3.30 de la mañana. La Terminal estaba cerrada, porque abre a las 4.30. Hacía realmente mucho frío y esperar el amanecer al aire libre, en una ciudad desconocida y que no tenía cara de segura no estaba en nuestros planes. De casualidad, buscando algún lugar techado por lo menos, desde un micro nos preguntan si íbamos a La Paz. Sin dudarlo demasiado decimos que sí. Negociamos el precio, preguntamos si hay lugar (lógicamente nos dicen que sí) y nos embarcamos. Una vez arriba descubrimos que hay 1 sólo asiento; se lo dejamos a Flor. Con Nico buscamos un lugar en dónde sentarnos.

Empezó a entrar una corriente de aire frío, parecía que el piso en algún lugar estaba agujereado. De a poco se veía cómo los viajantes empezaban a abrigarse. Un grupo de chicas hasta sacó sus bolsas de dormir de las mochilas para cubrirse con eso. Si la 4×4 había sido incómoda, el piso de este micro era aún peor. No había cómo acomodarse. De a ratos el sueño me venció, pero no duró por mucho. A las 8 de la mañana llegamos a La Paz. Una de las ciudades más altas del mundo (sin duda es así ya que se encuentra cercana a los 4.000 metros de altura.)

De esta pequeña Odisea no hay fotos. Es increíble que simplemente un viaje de 12 horas en tierras bolivianas haya merecido un post entero.

(Sigue en La Paz)

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