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Desde hace algunos años se comenzó a difundir una nueva palabra, la de “mochilero.” Superficialmente se puede decir que un mochilero es una persona que viaja con una mochila, pero su esencia es mucho más profunda, ya que vive el hecho de viajar de una forma muy particular, gastando casi lo mínimo indispensable, rebuscándoselas todo el tiempo y haciendo el mayor contacto posible con los locales.

Ser mochilero es sin dudas una forma de vida. Es fácilmente relacionable con los jóvenes, pero no necesariamente es algo exclusivo. He conocido muchos mochileros con más de 40 años de edad, todo reside en el espíritu de cada uno. La belleza de las comunicaciones modernas ha hecho que sea más fácil para cualquiera obtener información de los lugares que se visitarán y hasta inclusive entrar en contacto con gente local antes de viajar, perdiendo el miedo de la no-planificación.

La facilidad con la que se puede mantener el contacto con el hogar, con las autoridades de su país, la velocidad con la que se puede volver (hoy en día no hay lugar en el mundo al que no llegue un avión) dan una idea de que nunca se puede estar realmente lejos de casa. Y por esto muchas personas deciden ir a conocer un destino sin haber hecho ninguna reserva por anticipado, se dejarán llevar por lo que vivan en el momento; ese es el espíritu mochilero.

Mochilear significa no estar atado a itinerarios, reservas, horarios, etc. Sino vivir plenamente cada instante, sin preocupaciones (si se está de vacaciones, viajando, no hay nada que pueda hacernos preocupar.) Si se pierde un vuelo, un tren, quedamos varados a mitad de la noche en un pueblo perdido en el desierto, siempre podrá ser una experiencia valiosa, especialmente para conocer algo que los demás nunca vieron, descubrir un pequeño paraíso olvidado por el paso del tiempo, de las autoridades, de los turistas.

En el fondo cualquier mochilero está buscando la pureza, llegar a un lugar que no haya sido transformado por el turista, y observar su esencia como era antes de ser alterada. Es como un fenómeno cuántico, un observador forzosamente alterará el resultado, pero el efecto nunca será tan grande como cuando se trata de millones de personas.

Hay mochileros extremos, que parten de la premisa de gastar la menor cantidad posible de dinero. En estos casos se presenta la condición de tener una grandísima voluntad de viajar, pero no tener los medios. Es así que se eligen medios como el autostop para cubrir grandes distancias, se prefiere llevar carpa, o recurrir a nuevas herramientas para no pagar alojamiento.

Y así, sumando pequeñas experiencias es como muchos intrépidos deciden emprender viajes de años y años alrededor de continentes o del mundo entero, inclusive dejando sus vidas en ello. Hay algunos que deciden viajar en bicicleta, pero siempre con la misma ambición de conocer. Es este el fin último de cualquier persona: conocer, descubrir, y hay muchos que en los viajes encuentran la mejor alternativa para hacerlo.

Foto: Daquella Manera

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